Catarsis

Mamá hulk

Sin dudas ser mama es mi rol preferido en el mundo. Disfruto muchísimo estar con los chicos, verlos crecer, sus avances y progresos. Me encanta irlos buscar al jardín, ver sus caritas cuando me ven parada en la puerta de la salita y comérmelos a besos después de no haberlos visto en todo el día. Charlamos en el camino de vuelta, me cuentan lo que hicieron, merendamos y disfrutamos la tarde juntos. Sin embargo cuando se aproxima la noche se produce una grieta.

Los baño, cenamos y mi cierre perfecto seria irnos a dormir tranquilos y en paz. Nada más lejos de eso es lo que transitamos en casa a esas horas de la nohce. Pareciera que después de las 10 de la noche su mamita se convierte en el increíble Hulk (si si, por momentos siento que me pongo verde).

A la noche llego agotada, me levanto muy temprano a la mañana y sinceramente con el correr del día mi batería se va descargando hasta llegar a un 1% luego de la cena. Los chicos parece que lejos de estar cansados se activan el doble con mi simple cántico de: “ A la camitaaaa!”. Por supuesto los primeros minutos soy un dulce de leche, pero después de la tercera advertencia a que dejen de correr por el pasillo paso del amor al odio. Lavarles los dientes es una lucha cuerpo a cuerpo, se quieren lavar solos, los dejo al principio, pero después cuando me toca a mí no hay forma de convencerlos. A mi cansancio se empieza a sumar mi paciencia agotada y la culpa, por supuesto.

Lograr que se acuesten en su cama me lleva otro largo rato, no tanto por Juana, pero si con fausto que tiene 2 años y sus piecitos no dejan de moverse en todo el día. Me acuesto con él en su cama y me cuesta mínimo otros 30 minutos lograr que se duerma. No comulgo con la idea de dejarlo llorar, así que cansada y todo me acuesto a su lado y abrazadito trato de que se duerma. Su voluntad para dormirse en prácticamente nula. Canta canciones del jardín, me hace preguntas, me da besos (obvio esta es mi parte pérfida de la odisea, no puedo negar eso tampoco), pero lejos está de tomar la decisión de cerrar los ojos y relajarse para dormir.

Finalmente, luego de toda esta historia, se duerme y yo a su lado, doblada y contracturada en su camita también me quedo dormida por algunas horas hasta que me levanto y me voy a mi cuarto.
Sinceramente esta secuencia me tiene agotada, me llena de culpas ya que no quiero dejar de ser esa mama dulce y divertida que soy por las tardes. No me gusta dormirme fastidiosa y molesta porque tuve que retarlos varias veces para que se duerman, preferiría que las cosas se den de manera armónica y natural, pero por ahora eso no estaría pasando.
La maternidad tiene muchas grietas, esta es la mía. Son grietas que nos hacen pasar de ser una “mama princesa” a ser una “mama increíble hulk”, ¡con sus cachetes verdes y todo!

Euge, @maternity.panic

Foto de World Comics

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