Crianza afectiva – Adolescencia

Crianza afectiva - adolescencia

Al hablar de crianza, crianza afectiva por lo general tendemos a pensar en los más pequeños, creemos que va dirigida a los niños y niñas que transitan sus primeros años de vida. Parece obvio que es en esa etapa que “nos necesitan más”.

Las siguientes líneas, tienen el objetivo de invitarlos a pensar nuestras formas de crianza afectiva hacia y para los adolescentes.

Porque en esta etapa tan importante y trascendental, también estamos criando, continuamos criando.
En esta etapa que se caracteriza por los tsunamis emocionales, tanto para los propios adolescentes como para los padres y su entorno familiar; es necesario ser conscientes de lo importante y fundamental, que continúan siendo las miradas, la escucha atenta, al abrazo, la contención.

Es una etapa en que al parecer los adolescentes nos quieren alejar de sus vidas, pero que nos necesitan muchísimo.

Una de las cosas que tenemos que tener presente, es que es una etapa que necesita de los límites, y ellos son una verdadera y sincera demostración de amor, de contención y sobre todo de que nuestros hijos e hijas nos importan mucho.

Cuando un adulto, mamá, papá le dice que “no”, a un adolescente, más allá que le provoque enojo y quizás ocasione una situación desagradable, lo que está haciendo es decirle: “me importas, te estoy cuidando, no considero que eso sea lo mejor” y ese mensaje es claro, porque necesita de los “NO”, que son desde la convicción de su bienestar integral. Estos “NO” se convertirán en pilares significativos para su desarrollo.

Como madres y padres que queremos estar físicamente presentes y emocionalmente disponibles, tenemos que entender que éste estar se va transformando en la medida que nuestros hijos e hijas crecen, pero nunca deja de ser crianza afectiva, nuestro estar, nuestro rol se va transformando, pero siempre es el rol de un adulto consciente que acompaña y guía.

Si son madres y padres de adolescentes, los invito a estar emocionalmente disponibles, los invito a escucharlos, a interesarse por las cosas que son de su interés, a compartir y a sentir con ellos, no juzgar ni criticar, escuchar atentamente, intentar entender cuál es su sentir, sus dudas, sus inquietudes.

Porque muchas veces, cuando vienen a nosotros, sus adultos referentes, están llenos de dudas, y quieren saber simplemente cuál es nuestra opinión. No debemos olvidar que para los adolescentes mamá y papá, están siendo cuestionados constantemente, por eso cada oportunidad que tenemos cuando vienen a nosotros con una anécdota, con un comentario, por más banal que parezca es una gran oportunidad para el intercambio, que nos ayuda a entrar en su mundo, saber en qué andan, qué sienten, es la puerta de entrada que nos posibilita guiar y contener.

Intentemos cada día acercarnos desde el amor y mostrémonos físicamente presentes y emocionalmente disponibles, para continuar criando afectivamente.

Lic. Natalia Molina

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