Crianza afectiva – Autonomía

Crianza afectiva autonoomía

Los invitamos a continuar pensando sobre los diferentes aspectos de la crianza afectiva.
Nos resulta interesante poder reflexionar acerca de la autonomía: ¿a qué nos referimos cuando mencionamos éste termino?. Muchas veces escuchamos: “tal niño o niña no es autónomo/a, ya debería ser más independiente…” apareciendo lo esperado por la sociedad o por las teorías, a determinada edad deben hacer tal o cual cosa… “qué raro que todavía no hace…” generando sentimientos de inseguridad y de cuestionamiento tanto en los adultos como en los más pequeños, ya que la mayoría de las veces estas verbalizaciones se realizan frente a ellos.

Hoy nos gustaría plantear la autonomía desde su complejidad, siendo éste un aspecto más en su desarrollo integral.

A través de la crianza afectiva consciente buscamos promover niños y niñas autónomo/as como personas que puedan ser, hacer y decidir por sí mismos.

Para empoderarlos, tenemos que considerar que nuestros niños y niñas son competentes, que pueden hacerlo, que pueden sentir y creer que son capaces y sobre todo que tengan la tranquilidad de que nosotros confiamos en ellos y ellas.

Nuestro rol como adultos referentes radica en respetar su actividad autónoma, habilitando el espacio de exploración, la libertad de movimientos, interviniendo para dar significado o para complejizar su accionar, siempre teniendo en cuenta que nuestra propuesta es algo que pueden resolver de acuerdo a su edad, momento evolutivo y características personales.
Es fundamental considerar al momento de hacer una propuesta o desafío, que lo puedan llevar a cabo, para evitar mayores frustraciones de las que el propio aprendizaje le va a ir brindando durante su crecimiento.

En muchas ocasiones la ansiedad de los adultos por verlos crecer provoca el exponerlos a situaciones a las cuales no están preparados, ocasionando desilusión y sentimientos de no responder de la manera esperada..

Consideramos que es fundamental “promover en los niños y niñas el desarrollo de la capacidad de relacionarse, de convivir, escuchar, comprender, tolerar, interactuar, cooperar, y compartir con los adultos y con otros niños y niñas, estableciendo la base de unas relaciones afectivas sólidas y seguras.”
La autonomía es el proceso que les permite a los niños y niñas poner la distancia emocional necesaria de las personas que aman, y de esta forma poder acercarse a nuevas experiencias.

Está estrechamente relacionada con la seguridad que tiene consigo mismo, con la aceptación de las normas, con la capacidad de superar la frustración y con aprender a aceptar responsabilidades.

Es un continuo aprendizaje que nos involucra a todos. Se va construyendo minuto a minuto, junto a ellos y ellas, transformándonos en adultos físicamente presentes y emocionalmente disponibles, siendo conscientes de la importancia que tienen nuestras acciones, nuestras miradas y nuestra escucha atenta.

Lic. Natalia Molina
Cunarius

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