La etapa “escolar” empieza y los que más aprendemos somos los padres

Dudo haber sido la única a la que alguna vez se le estuviera por vencer un contrato de un apartamento y tuviera que definir próximo hogar y escuela de la hija a la vez, y sino, igual calculo que muchos aquí entenderán lo difícil que es eso.

Yo quería una escuela cerca de una casa que no sabia si iba a tener.

No quería cualquier escuela, quería que fuera una de las dos más recomendadas en la vuelta.

Pero consulté y los precios de la tranquilidad de que tu hijo esté en un entorno supuestamente sano, respetuoso con sus tiempos y procesos, son altísimos.

Así que comenzamos buscando alternativas públicas. De a poco, porque igual no teníamos casa. Y una cosa no vendría sin la otra.

Un Buen Día -de enero- aparece la casa soñada (literal que la soñé) a cuatro cuadras de una de las posibles escuelas plan b, que tenía en mente.

Pero teníamos un problema. En enero no hay inscripciones. En febrero y marzo tampoco, porque esas escuelas no me interesan solo a mi y la gente ya había reservado su lugar hacia 5 meses! Si. Se trata de programarse la vida para dentro de cinco meses y eso es algo que a mi me ha costado bastante.

En fin. No perdía nada con hacer el intento de presentarme a una lista de espera.

Cuando entro al territorio escolar, lo impensado: llantos, gritos, colas, gente que tampoco había podido programarse en octubre, delirando ahora, en pleno marzo.

La señora que me atendió me dijo que lo hacía por cortesía pero que ni pensara de que por arte de magia toda la lista de personas desaparecería y de golpe tuviera lugar entre los 4, 5 puestos que quedaban.

Me encogí. Quedé en estado de delirium como todos los demás.

Volví a casa y como Juana tenía que asistir a algún lugar, pensé en dejarla en la escuela a la que ya iba, solo que ahora vivimos en otro barrio y nos quedaba en las partes de la lora.

Pero al menos era un lugar familiar en el cual confiaba.

Empezaron las clases…. Teníamos que tomar dos ómnibus para ir y venir, pero teníamos donde ir! Y las maestras eran un amor!

Todo bastante bien. Pero llego y Chan:

A partir de unos cambios sorpresivos, me encuentro con una maestra nueva recién llegada, y mil diferencias en sus lineamientos, muchos desacuerdos, pocas coincidencias con el recibimiento y desenvoltura. Es decir: tuve un desafío. Otro. De esos que voy a tener que seguir enfrentando de por vida, mientras siga viviendo en un mundo diverso y yo quiera seguir creciendo.

Qué! impotencia llevaba al cruzar la calle el segundo día que salimos de ahí. Después de ver que entregaron premios de golosinas, y que definían a los niños entre el que se portaban bien o mal…

Qué! arma de doble filo a veces las recomendaciones de todo tipo, frente a lo que deberías hacer, donde deberíamos hacerlo, como, cuando y con quienes… y vos no podes acceder a nada de eso… Cuantas pautas! Cuanta presión, Cuanta culpa aveces! y carga, Cuando por factores sociales, culturales, económicos, o de simple destino nomás… no podemos seguir al pie de la letra a los profesionales.

Qué! lento que íbamos volviendo de la escuela ese día. Que opresión.

Y que pocas alternativas, y consejos para éstas situaciones tenían los sabelotodo de las recomendaciones.

Estábamos solas.

Tan pronto volví y tuve un momento para mi, me largue a llorar sin que me viera.

Por la escuela que me gustaba y no podía pagar, porque la publica no tenía lugar.

Y por que la que podía pagar, además de ser lejísimos, valdría también, el costo de ceder algunas expectativas.

Me acosté y no dormí.

Al otro día íbamos con la misma lentitud por la calle, le pedí la mano a Juanita para cruzar y tomarnos el Segundo Bondi del día, del viaje del tiempo a la escuela del mil novecientos sesenta y tres…

Hasta que de golpe, se sucita el milagro.

No. No me llamaron los de la escuela privada para decirme que me otorgaban la media beca que había pedido.

Tampoco la señora amable de la publica, para decirme que una docena de obreros y docentes habían armado un salón nuevo en 15 días y había lugar para 30 niños más…

o que el patrón de funcionamiento de esa escuela TAN! Requerida, se extendería a todas las escuelas del país… y ya nadie tendría que llorar por su lugar…

Tampoco me enteré que tenía una linea directa de bus para la escuela a la que estábamos yendo…

Fue Juanita… simplemente Juanita y su belleza… oráculo de mi corazón…

que con su voz dulce y como si nada me dice: “ me gusta la maestra nueva, y me encanta estar con Juandi de nuevo” . Su gran amor Juandi, compañero del año pasado.

Ahí -aún en desacuerdo con la pedagogía de ésta nueva maestra, tradicional y conservadora- me ví en un medio.

Me ví, y vi que entre mis propios desafíos, pensamientos filosóficos, e infancia idealizada, estaba ella.

Haciendo su propio camino. No el mío.

Aceptando la realidad, queriéndola así de imperfecta.

Valorando su espacio conocido, sus viejos amigos, por sobre todas las cosas.

Me invadieron preguntas en ese instante: ¿Cual es mi miedo? ¿Que quiero evitar? ¿Para que?

Me respondí que me había pasado buscando opciones para que ella estuviera en un entorno perfecto.

Perfecto para mi.

Y que no estaba depositando mi confianza en ella, sino en su entorno.

Ese día concluí que en mi vida, gracias a que lo bueno fue bueno, y lo malo ni tanto, también pude ser quien soy. Y que soy feliz a pesar de todo. Aún cuando las escuelas eran todas retrogradas.

Supe que no quería intervenir en las cosas que a ella la hicieran feliz, (no en todas) por pensamientos propios, ni carencias o creencias personales.

Este texto es, por si a alguien también le ha pasado de perderse en la nebulosa de la información. Las recomendaciones. La responsabilidad inconsciente, de tener que hacernos cargo de sus experiencias.

Respiren. Acepten.

Pasaran cosas buenas, pasaran cosas malas.

Lo único que podemos hacer, es confiar en ellos para cuando deban enfrentarlas.

Y para que lo vivan de la mejor manera posible.

 

Pilar Do Mato

 

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