Ser mamá, un viaje de ida

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Ser mamá, un viaje de ida

Estaba a dos meses de parir cuando con el papá de la gorda nos tomamos unos días de vacaciones. Algo así como un cierre previo a ser papás, unos días sólo para nosotros. Para estar tranquilos. Lo cierto es que a pesar de estar “preparándonos” (si es que existe tal cosa) para un desencuentro parcial de pasión e intimidad, luego fue uno de los últimos momentos de amor que tuvimos en total, como pareja, en lo que duró nuestra historia…

Yo venía sintiendo un evidente cambio si, hacia una nueva identidad (que además pesaba 14 kg más) pero no presentí el quiebre total y rotundo que se produjo cuando al acudir a la lectura como catalizador… mierda: “querías prepararte, acá tenes” interpeló un libro de Laura Gutmán que en un párrafo decía exactamente esto (y perdón lo extenso):

“(…) reconocerse en palabras que nombran sentimientos, desgarros y soledades compartidas, siempre es un alivio. Pero insisto, en que las mujeres convertidas en madres, tenemos la obligación de emprender un camino de interrogación profunda. Es verdad que es difícil convertirse en madres, es verdad que representa una crisis poco reconocida socialmente. Pero también es verdad que somos adultas, y que la verdadera víctima de las cadenas transgeneracionales de desamparo emocional, es El Niño pequeño. Por eso, luego de reconocernos en éstas páginas, nos aguarda un recorrido obligatorio: el abordar nuestra realidad emocional forjada durante nuestra propia infancia, para nombrarla, ubicarla, comprenderla, y entrar en contacto con eso que nos sucedió. Sólo entonces podremos comprender, acompasar, contactar, amparar al niño real que depende absolutamente de nosotras, las madres. Depende de nuestra capacidad para amarlo, aún si nosotras mismas no hemos sido amados”.

Chan. ¿no es cierto? Y acá si tuviste la suerte de nacer en un entorno de personas emocionalmente estables, que te aportaron contención, respeto en tus procesos, apoyo, ¡felicitaciones! Tu trabajo será un poco más simple. Pero para al que ésto le resuene hasta las células medulares: ¡mucha fuerza! y no entren en pánico, porque hay ventajas cuando uno despierta y se sobrevive.

Así fue que pasé de vacaciones para despejar, a una especie de retiro espiritual, en el medio de un bosque de Rocha.
Pienso en el papá de Juana en ese momento y me dan ganas de abrazarlo. Hasta el día de hoy casi 5 años después, creo que no está preparado para emprender ese viaje. Ni comprenderlo. Ni acompasarlo.
Debe haber sentido como si hubiera soltado mi cabo de una cuerda náutica que veníamos torneando entre ambos para luego atar la gran vela de un barco. Así de rápido me deshilache.
Pasaban los días y trataba de hacerme la tonta. La que no era para tanto.
Llegue a decir “que sabrá esta vieja chota” (estoy segura que toda seguidora y lectora de Gutman como yo, habrá pasado por estos estados de amor odio con la señora. Porque mismo que interpela y fuerte.)
Pero como siempre gana el amor, le dí de bomba al tema.

Arranque una terapia alternativa bastante fuerte y llegue a través de una meditación guiada y una regresión, a mi propio nacimiento. Y ahí estaba yo. Ictericia imprevista o improvisada del destino y yo, amarilla, (que oh casualidad nadie trato a tiempo) tomando sol con lentes y bombacha, adentro de una incubadora. Después de un parto horrible (violencia obstétrica mediante) y 15 días después de nacida. Lejos de mi madre, a la que le habían dado el alta. Sintiendo una soledad angustiaste de la hostia. Por ese día pero también ahí mismo.
Entonces, la terapeuta me pidió que me agarre a mi misma. Que me cargue. Me abrace. Me de amor. Y perdone.
Y yo (que hasta ahora creía que el test positivo había sido lo más escalofriante y emotivo de la vida…) me sentí una especie de flamante bisagra dorada, brillantelustradafamiliar. Dispuesta a romper y empezar a intentar hacer algo distinto.Sostener según las necesidades del niño, interior y real.
Entonces, del pánico de concientizar el desamparo circunstancial de un apego que arrancó mal y hasta ahora no sabía si en algún momento se había podido reponer (con la terapeuta íbamos por etapas) llegue a una gratitud infinita.
Y del dolor pase a un: «Qué maravilloso tener la hermosa oportunidad de decidir cómo voy a hacer las cosas, en vez de traerlas al presente nuevamente, inconscientemente» y desde ahí… todo ha sido complejo pero podría decirse que más liviano. Al menos cada tanto puedo sacar las mochilas de concreto y dedicarme a tener el solo peso esperable de ser mamá. En esa intensa ambivalencia, estoy desde que dejé de ser la de antes. Es algo que forma ya parte de mi y hasta quiero. Así que probablemente seguiré reflejando algo de eso en la vida y en los textos. Sean bienvenidas todas las que quieran entrar en sonoridad.

Pilar Do Mato
www.parirpariendo.uy

Ph: Lumenux Fotografía

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